viernes, 29 de enero de 2010

A golpes de olas


En el óleo impalpable del primer ocaso, plegando de ardor sus alas rosadas grabaron mil nombres las hadas y en el alma de mujer dejaron un trazo.

Cueva, vulva, caracola, no sabría como nombrarlo, tiene el tiempo entre sus labios, es mar, espuma y la misma ola.
Habita en los abismos y por cada deseo, las nueve lunas de un parto dan por mueca de facto un baile amanecido, a manera de aleteo.
Como milagro escondido en el balcón del alma surge tantas veces nacido, como tantas son las auroras desde que la vida parió por su pecho al sol. Angel o trampa, elfo o misterio, es margen del cosmos que arroja sobre la piel azahares mestizos y un trémulo goteo, de ansiedades y de hechizos.
Y así, desde el último límite del destino, atravesando las ardidas fronteras del mundo, esa otra amada flor trajo hasta mis manos su esencia perfumada, su canto sensual.
Y con su palpitar profundo, mas mujer, más fémina, me hizo.

Gracias navegante

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